lunes, 25 de marzo de 2013

Chávez: líder irreverente


Publicado en el suplemento "Caldenia" del diario La Arena, domingo 8 de septiembre de 2013

La relación de Hugo Chávez con la cultura y el arte ha quedado consignada en varios libros dedicados a su historia. La experiencia bolivariana y su contribución al socialismo del siglo XXI.

El pensamiento humano reelabora y resignifica constantemente conceptos, fundamentos y simbologías; en ese ejercicio compara, repele o legitima el relato hegemónico; readecuando en esa dinámica su toma de posición. La historia es un proceso dialéctico, pero cuyo sujeto son los hombres y sus relaciones materiales (Marx), que tiene como base motora la ideología, encorsetada, más de las veces, sólo en su fase económica y en su estructura política, quedando postergadas las discusiones y los aportes del campo cultural o intelectual. En la coyuntura latinoamericana, donde actualmente ejercen el poder proyectos populares, Hugo Chávez pudo conjugar cada uno de esos elementos (política, economía y cultura) para conformar un nuevo paradigma para los pueblos, sustentándose en la reposición de la tradición nacional y antiimperialista, que se denomina "socialismo del siglo XXI". 

Tensiones culturales 
La topografía cultural latinoamericana -arraigada en la cosmogonía y construcción social de los pueblos originarios, en las luchas independentistas, en la resistencia al imperialismo- es una herencia determinante a la hora de discutir contra la pedagogía colonialista. La prensa, la biblioteca y la catequesis -eficaz tríada importada desde Europa- constituyeron una herramienta -aparte de la contundencia de las armas- para perseguir, apremiar y canibalizar el capital simbólico precedente. La etapa de aculturación únicamente era posible invisibilizado a los dioses, los rituales y las tradiciones de culturas milenarias. La imposición de la cosmovisión occidental sólo podía hacerse sobre las ruinas de lo preexistente, sobreimprimir otra realidad ajena, porque "el poder para narrar, o para impedir que otros relatos se formen y emerjan en su lugar es muy importante para la cultura y para el imperialismo…", resalta Edward Said. Conquista y colonización intentan despojar a los habitantes de las tierras "descubiertas" y de su cultura (proceso de aculturación) para imponer una emergente (proceso de transculturación). Un ambicioso programa que se impuso a castigo, ultraje y muerte, pero que no pudo, genocidio mediante, aniquilar ni desparecer ni las creencias ni los rituales anteriores. 

La rapacidad del siglo XX 
El neoliberalismo pretendía convertirse en el máximo modelo económico global, el cual se potenció y exportó a mansalva tras la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS, para imponer sus reglas a todo el mundo. Incluso ha dado un paso más al ir erosionando a los estados-nación para suplantarlos por los mandatos de las empresas multinacionales; la mayor invención de la especulación financiera. Pero también intentó afianzarse como el articulador de un discurso único, con una base filosófica y estética basada en el sueño americano, construyendo, de esa manera, un relato que sentenciaba el fin de la historia.
Esa pretensión de clausura y retraimiento de las historias precedentes, con sus diversos matices ideológicos y culturales, implicaba renunciar a fuertes tradiciones que, particularmente, en los procesos independentistas de los países latinoamericanos se habían consustanciado y protagonizado en luchas y resistencias contra los imperios y las elites serviles.
Ante los efectos unificadores de la globalización se hace necesario reponer el valor de la región, de las tradiciones, resignificar lo tribal, y esa pugna contra un imperialismo voraz y rapaz, demanda la resistencia, la identificación con el territorio raigal, como lo habían hecho antes los pueblos originarios, ya que como dice Said "una de las primeras tareas de la cultura de resistencia era reclamar, volver a nombrar y habitar la tierra propia". 

Experiencia bolivariana 
La relación de Hugo Chávez con la cultura y el arte ha quedado consignada en varios libros dedicados a su historia. Eleazar Díaz Rangel en Todo Chávez. De Sabaneta al socialismo del siglo XXI indaga a través de varios reportajes a Chávez: "…fue surgiendo esta tesis de los tres pensadores en uno, la del árbol de tres raíces, con el tronco central que era Bolívar, de un lado Simón Rodríguez y en el otro, Zamora". Modesto Emilio Guerrero en la biografía Chávez. El hombre que desafió la historia plasma un recorrido detallado de la formación intelectual del presidente que más elecciones libres y soberanas ha ganado en el mundo. Se puede leer que "Chávez recibía las influencias culturales y políticas de los grupos emergentes del activismo barrial que entre 1971 y 1975 poblaron las barriadas caraqueñas pobres. Buena parte de la militancia de la generación setentista caraqueña se formó en los barrios 23 de Enero, Propatria, Flores de Catia, Petare, San Martín. Hoy son bastiones del chavismo porque desde la década del sesenta fueron bastiones de la izquierda. La influencia de los grupos 'culturales' de estos barrios se extendió, durante algunos años, hasta ciudades aledañas como Los Teques, La Güaira, Miranda, Maracay, adonde iban buscando relaciones y adeptos".
Esas líneas exponen la embrionaria formación intelectual del comandante Chávez, a la vez que era un destacado deportista de beisbol. La práctica cultural estuvo siempre presente en su vida, incluso siendo presidente de la República Bolivariana de Venezuela. No sólo pintaba o conducía su propio programa Aló Presidente, sino que también en los actos políticos o en las reuniones de gabinete recitaba poemas, cantaba o bailaba. Chávez recuerda que cuando estuvo confinado en la cárcel de Yare se pasaba horas dibujando, escribiendo, estudiando y leyendo.
Es valiosa esta anécdota para terminar de configurar la envergadura del hombre que ha perdido Latinoamérica con su muerte: "En 2004, durante una charla en la Universidad de Madres de Plaza de Mayo, en Buenos Aires, un admirador ocioso pero metódico llevó la cuenta de autores y países que recorrió en las dos horas que habló sin parar con su mano izquierda apoyada en el hombro derecho de Hebe de Bonafini. El resultado fue una lista que lo sorprendió: 17 políticos, 5 filósofos de la antigüedad, 2 poetas, 5 ministros de su gabinete, 4 presidentes latinoamericanos y 33 escenarios donde recreaba los cuentos que echaba sobre ellos. Esta matemática de la memoria de Chávez nos recuerda la impresión que le dio a Gabriel García Márquez en 1999, cuando habló con él en un avión que los traía a Caracas: 'Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos'".
Por eso resulta ilustrativo bosquejar, a grandes rasgos, una lectura sobre la revolución bolivariana en términos culturales, en una perspectiva de acumulación y resignificación de los bienes simbólicos. Entonces, habría que resaltar que el máximo organismo que diseña y articula las políticas culturales en Venezuela, el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, es conducido actualmente por el cantante lírico Fidel Barbarito; pero esa tendencia se había fundado con el primer gobierno de Hugo Chávez, cuando dispuso en ese lugar a Francisco de Asís Sesto Novas, conocido como Farruco, arquitecto, escritor y político. 

Cultura política/Política cultural 
Sin embargo, en esta coyuntura actual se hace necesario resemantizar la relación que han tenido la política y la cultura, la política y el arte, e, incluso, el protagonismo de los propios artistas e intelectuales en las luchas de emancipación. No puede obviarse que "la cultura es un campo de batalla", porque subyace en dicha metáfora la recobrada participación del campo intelectual en el debate público, en el campo político.
Huelga señalar que investigadores, docentes y creadores se han involucrado -como sucediera tantas veces en nuestras naciones- en la arena política, en el entramado donde se discute y ejerce el poder. Es significativo resaltar que no lo han hecho sólo con el fin de aportar conceptos o teorías, sino que son partícipes de la gestión y de los proyectos que se encuentran en acción, y eso es tan valioso como los debates que se generan.
Valgan como muestra estos ejemplos: Ernesto Cardenal, Ministro de Cultura (durante el primer gobierno sandinista de 1979-1990), Sergio Ramírez, vicepresidente, del gobierno de Nicaragua con el presidente Daniel Ortega; Gilberto Gil, Ministro de Cultura, y Chico Buarque, Ministro de Educación, en el gobierno del Brasil con el presidente Luís Ignácio Lula da Silva; Ticio Escobar, Secretario de Cultura, en el gobierno de Paraguay con el presidente Fernando Lugo; Jorge Coscia, diputado nacional y desde 2009 Secretario de Cultura, del gobierno de Argentina, con la presidenta Cristina Fernández. 

Todo signo es ideológico 
Desde que Mijaíl Bajtin señalara en los albores del siglo XX que todo signo es ideológico, se hace imposible retraerse a su densidad y a la tracción que genera en el campo intelectual. En esa sentencia se encuentra implícita la toma de posición (del enunciado, de las voces del enunciado, de los que hablan a través del enunciado), porque la palabra se posiciona, toma partido, forma parte del discurso social; por lo tanto es matriz y fundamento del debate cultural.
La palabra -que se halla siempre bajo fricción- está viva, nace en el interior del diálogo como respuesta, réplica y refracción ideológica. Todo signo verbal se comporta como campo de lucha de los lenguajes, es donde se dirime la episteme que rige los relatos nacionales, regionales o imperiales. Esto es así porque el espacio de los lenguajes es un espacio intrínsecamente social. La ley del lenguaje es la lucha por el signo que, a su vez, representa, reúne y comprime puntos de vista sobre el mundo, sobre la cosmovisión del mundo. Entonces el signo (el lenguaje) se constituye en el asidero colectivo (pero influido por las diversas individualidades) de las formas de conceptualizar las experiencias; cada una marcada por entonaciones, valores, verdades y significados diferentes. La lucha por el signo (por la palabra, por la letra) no es otra cosa que lucha de fuerzas sociales, de antagonismos simbólicos. En ese sentido señala el crítico ruso que "todos los productos de creatividad ideológica -obras de arte, trabajos científicos, símbolos y ritos religiosos- representan objetos materiales, son partes de la realidad que circundan al hombre y no tienen existencia concreta sino mediante el trabajo sobre algún tipo de material […] por eso únicamente llegan a ser una realidad ideológica al plasmarse mediante las palabras, las acciones, la vestimenta, la conducta y la organización de los hombres y de las cosas". 
Es decir, todo el material ideológico debe materializarse, debe consustanciarse objetivamente (con su carga subjetiva) en la "realidad". Todo material ideológico expresa y condensa a los seres culturales que lo han producido e influye y se articula en quienes lo consumen, registran y asimilan. Todo material ideológico posee significación, sentido y valor intrínseco. En consecuencia, ningún material ideológico puede estudiarse fuera de su proceso social de producción (y de recepción) que le aporta su sentido (o sus sentidos). 

¿Por qué no te callas? 
El pensamiento revolucionario siempre ha estado bajo sospecha. De su identificación, persecución y eliminación se encarga la "vigilancia" del orden del discurso. Un ejemplo capital de la disputa de los discursos y las representatividades fue posible observarlo cuando el rey Juan Carlos I de España (que ocupa un espacio de poder hereditario) pretendió silenciar a Hugo Chávez (un presidente que ejercía el poder al ser elegido por el voto popular) le espetó, en la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana, "¿por qué no te callas?".
En ese chisporroteo puede verse que la coacción de la voz mandante, de la voz demandante, está sufriendo un retroceso y una pérdida de autoridad en Latinoamérica. Pero recuérdese que el silencio ha sido, es y será, el reducto a donde se confina al adversario, a donde se lo destina como castigo. La cultura occidental ha enseñado sobrada y certeramente las diferentes formas cómo se oprime a la alteridad, a lo que es distinto y extraño. A la sazón la clase dominante impone su mirada sobre las cosas, se convierte en su rectora y es así que concreta el ordenamiento de la vida de todos y todas. La lección de Chávez se consustancia con las enseñanzas de los pueblos originarios y de los próceres de la Patria Grande, porque nunca cejaron ni acallaron sus reclamos ante los opresores. 

No me callo 
El comandante Chávez rompe ese mandato y se sobrepone a la legión de mandatarios condescendientes que traicionaron sus proyectos políticos a favor de organismos transnacionales, empresas multinacionales y oligarquías cipayas. En esa embestida repone toda una tradición de luchadores que marcan el tiempo-ahora y, además, suma y arrastra a otra serie de dirigentes que se parecen a sus pueblos. Debe destacarse que más allá de la táctica electoral (que implica, de alguna manera, hacerse del poder), también es medular la estrategia cultural (o ideológica), porque en esa arcilla se moldean las características y los conceptos del proceso que se conduce. El proyecto emancipador contenido en las ideas de Martí, Francisco de Miranda, Varela, Mariátegui, Ugarte y Cooke, entre otros, es el que están fraguando hoy los gobiernos nacionales y populares.
Chávez descollaba en esa lucha, en esa batalla cultural, porque su acervo ideológico estaba compenetrado tanto de conocimientos científicos como de la sabiduría popular. En sus discursos coexistían citas académicas, políticas y poéticas, también la jerga de su región y de sus votantes. Por eso el signo es ideológico, porque enfatiza y da sentido a la batalla cultural, se sitúa en el estado de emergencia, donde se fundamenta y se relata y hace historia. Chávez comprendía muy bien ese funcionamiento, como Fidel, el Che Guevara, Lula, Evo Morales, Néstor Kirchner o la misma presidenta Cristina Fernández. 

Chávez somos todos… 
Hoy "Chávez somos todos y todas" los que creen en esa patria raigal y libre, esa patria americana que desciende de los pueblos originarios, de los héroes libertarios como Bolívar, San Martín, Artigas, Dorrego. Porque, como escribió Walter Benjamin, "en las regiones con las que tenemos que ver hay vidas que accionan y se manifiestan a la manera del relámpago". El comandante Hugo Chávez, un líder irreverente que había ganado 17 elecciones y referendos desde 1998, ha sido, es y será, el trueno que sigue retumbando largamente en Latinoamérica y el mundo. [SDM]

1 comentario:

Anónimo dijo...

El comandante Hugo Chávez, un líder irreverente que había ganado 17 elecciones y referendos desde 1998, ha sido, es y será, el trueno que sigue retumbando largamente en Latinoamérica y el mundo.