lunes 5 de diciembre de 2011

Tres bueyes grandes

por Sergio De Matteo

"Los poetas no inventan los poemas
el poema está en alguna parte ahí detrás
desde hace mucho tiempo está ahí
el poeta no hace sino descubrirlo."

    Jan Sjacel

Bustriazo: el síntoma y el mito
La sirena del molino Werner sonaba a las 11 de la mañana. Años después Bustriazo dirá que anunciaba su nacimiento, un 3 de diciembre de 1929. Su universo está contaminado de anécdotas y experiencias. La historia de su vida congrega instancias y sucedidos para ser noveladas. El mito[1] fue anudándose a su trayectoria, al mismo tiempo, como si emplazara, sin saberlo, al síntoma lacaniano; pues en los 79 libros que componen el Canto Quetral reúne lo real, lo imaginario y lo simbólico, fundando de esa manera su nombre, su particularidad en el campo literario: Juan Carlos Bustriazo Ortiz.
También surge en sus recuerdos la localidad de Trilí y un hecho paradigmático, siendo niño. Cuenta que pasaba por el lugar un linyera, iba con un rollo de papeles escritos, y le indicó a su madre que sería poeta. Esos relatos, sumados al vaso de vino con la tapa para que no huyan los espíritus, el portafolio portando la bombilla de hueso, la linterna con que ahuyentaba los perros y otras cosas, fomentan su figura mítica. Quizás la firma personal sea la elaboración más alta en esa cadena de significaciones que se funden y complementan con la magnitud de su obra. Bustriazo explica que se compone con elementos que se encuentran presentes en su cosmovisión del mundo, y son trabajadas o resignificadas constantemente en su poesía. Además de las iniciales y apellido se colige la cruz mapuche, una serie de rulos que significarían el infinito (o la eternidad), un báculo egipcio, el triángulo sexual representado por tres puntos y, desde ya, las piedras.
Es por eso que se ha convertido anticipadamente en un espectro que no sólo irrumpe en la realidad, sino que toma por asalto y modifica el canon literario; porque recién estaba fundando su estilo y ya era un mito. También fue un visionario en su artificio poético: domando, dominando la lengua como el Ghenpín, el dueño de la palabra en la cultura mapuche. Su poética repuso, conjugó y potenció las raíces de los pueblos originarios, la cepa criolla y la prosodia de los inmigrantes.


Bustriazo: el oficio del escribiente
"Parece que estuviera cantando cuando leo mis poemas", señala Bustriazo. Esta referencia implica la conjunción entre oralidad y escritura, dando por tierra en su dictum poético con la vieja disputa que planteara Platón entre la palabra oral y la palabra escrita. Jacques Derrida deconstruye esta dualidad y sentencia que "no hay fuera del texto".
En Bustriazo no hay fuera del texto, porque sus poemas se encuentran interpelados por sus propias vivencias, y no sólo porque incorpora a sus amigos como personajes, o testimonia a través de las marcas implícitas en los lugares en que rubrica la creación poética, sino porque él mismo se constituye en enunciado: juan, juan azul, carlos marilloso, juanca, juanllanca, bustriazo el viejo, bustriazo el joven. Este proceso abona la recreación constante de un texto vital, todo puede ser considerado para la lectura o interpretación, desde datos biográficos a otros textos que no tengan, en principio, ninguna conexión en sí con el libro, como sucede con la hoja suelta en el Libro del Ghenpín.
Quien escribe no puede situarse fuera de la lógica del lenguaje y, por lo tanto, tampoco fuera de su propio texto; por eso otro plano o perspectiva que da asidero a estas indagaciones es lo que sucede en el cuerpo textual, donde se interrelacionan la producción oral con la escrita.
Esta preeminencia del "habla" sobre la "escritura" traspasa la primera parte de su obra. Es que las poesías que comprenden sus libros iniciales están identificadas con "los repertorios de impronta folklórica y forma tradicional", como resalta Dora Battiston, por lo tanto se hallan más vinculadas al género musical. Aunque en su formato primigenio se los reconozca como poemas, también podrían haber sido canciones, no haber necesitado otro soporte que la memoria (Platón dixit). Lo confirma Battiston: "...nos brindaba casi cotidianamente la oralidad de su creación, la fiesta de su decir joyoso, enamorado y doliente, sea a través de los textos vueltos canciones por los músicos pampeanos..."[2]. En tal sentido se podrían enumerar zambas, triunfos, huellas, estilos y canciones; Rosa Blanca de Morán destaca estos atributos en un artículo en el suplemento cultural "Caldenia" (La Arena), e incluye la copla.
En la práctica, aquellas poesías de Bustriazo han sido apropiadas e interpretadas tanto por los músicos locales (Guillermo Mareque, Guri Jaquez y Cacho Arenas) y grupos pampeanos (Los Ranquelinos, Confluencia, Alpatacal, entre otros), como artistas de la talla de Carlos Di Fulvio, Litto Nebbia y Rojo Estambul. Si consultamos la edición del Cancionero de los Ríos, los libros de investigación de Rubén Evangelista sobre el folclore pampeano, o el Canto Quetral (Tomo I), la cantidad de poemas traspuestos a la canción es de 80 aproximadamente.
A partir de 1969, cuando se edita Elegías de la Piedra que Canta, emerge una escritura que contiene el sustrato de las creaciones anteriores pero que amplía el registro a un modelo lingüístico novedoso, excéntrico, que marca una diferancia (différance), y es donde se inicia la etapa experimental. Bajo esta óptica, la producción fonética no agota los recursos de la escritura; porque la posibilidad de la escritura fundamenta la posibilidad de la lengua misma. Entonces en varios libros de este período podrá observarse a la práctica significante como huella, como que el ejercicio se hace más puntilloso y se focaliza, incluso, sobre las mismas letras. El trabajo se percibe en la lectura directa, en una hoja recargada de aditamentos; sostenida en una visión estética de la literatura que prevé una pluralidad abierta de palabras y de signos para los textos. Sin embargo Bustriazo no sólo se destaca en la invención de palabras —neologismos—, sino también en el empleo sobreabundante de los enclíticos, la metonimia, la combinación de la lengua española con la lengua de los pueblos originarios, el juego fonético y su efecto musical.


Bustriazo: el descubridor
Marcel Proust decía que "los libros hermosos están escritos en una especie de lengua extranjera". Si se cotejan las publicaciones de Bustriazo se refracta la observación, al hallar un profuso cruce de lenguas y neologismos. Acorde a esta conjetura proustiana, el crítico Deleuze indica que "el escritor inventa dentro de la lengua una lengua nueva, una lengua extranjera en cierta medida. Extrae nuevas estructuras gramaticales o sintácticas, saca a la lengua de los caminos trillados, la hace delirar"[3]. Muchos de sus poemas tienen estas características, una construcción compleja que apela a todos los recursos disponibles para significar, es decir, están nutridos de suplementos tanto en lo oral como en lo escrito.
Debe resaltarse que en el acto de lectura ―las grabaciones registradas lo confirman― Bustriazo logra anudar vestigios de sus historias y experiencias, recupera recuerdos, los revive, por eso cuando trasiega los versos se percibe una tensión que se intensifica a medida que se acerca al final del poema; donde la última palabra es "comunicada" con el último aliento, cuasi suspiro. Los poemas son piezas compuestas por la aparición e irrupción de sonidos/imágenes que crean una trama verbal, redivivos en la voz que los convoca.
Extinguido el fuego de la oralidad queda una resonancia, es la que dejan los poemas esenciales. Pero el efecto no suele terminar con la lectura, porque "la poesía es tiempo y arde"; pues sigue quemando a sus cómplices lectores u oyentes.
Tanto su presencia como su lectura, no cabe duda, encienden y apagan la memoria, tocan el corazón del público, a semejanza del quetral que se consume y vuelve a arder.
Bustriazo es dueño de un estremecido y a la vez desgarrado lirismo, que a lo largo de los años ha cernido y afinado de libro en libro, de poema en poema, y el resultado obtenido es una de las poéticas de mayor precisión en lengua española, por eso el lector está invitado por sí mismo a percibir el modo en que fue construyendo esa monumental bibliografía. Una aventura en la cual cada uno se enfrentará a través de los textos a un espacio interior multidimensional, donde Bustriazo Ortiz laboró su cosmovisión del universo bajo las estrellas de la ignota llanura pampeana.




[1] Cornelius Castoriadis plantea: "Pero el poeta no es solamente metropoiós y muthopoiós, es también noematopoiós, creador de sentidos y de significaciones. Y es además eikonopoiós, creador de imágenes, y melopoiós, creador de música...", Figuras de lo pensable. Las encrucijadas del laberinto IV, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001, pág. 55.
[2] Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Canto Quetral (Tomo I), Ediciones Amerindia, Santa Rosa, 2008, p. 8.
[3] Gilles Deleuze, Crítica y clínica, Anagrama, Barcelona, 1996, pág. 9.

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